sábado, 28 de marzo de 2009

Maicena

Me tomo el 109, pongo la tarjeta nueva y me marca que esta agotada, le comunico al conductor mi desdicha quien solo atina a gruñirme, como no tenia otra tarjeta puse una moneda de un peso, después de 10 cuadras de tirar caer y sacar, la endiablada maquina decide aceptar la moneda, pero con un crédito de 50 centavos, giro mi cabeza hacia el conductor que vuelve a gruñirme, paso otras 10 cuadras echando 50 cts más, cuando por fin logro completar mi caótico pago, tomo el papelito que me da el conductor y salgo velozmente corriendo hacia el fondo para tocar timbre ya que me estaba pasando y por varias cuadras.
Bajo en Colon y Cerrito y me dirijo rumbo al fatídico Politécnico, paro en una panadería seducido por un espectacular alfajor de maicena, compro uno bien grande que me sale 1.50 $ era caro, pero mis ganas de disfrutarlo era mayor. Clavo mis blanquecinos dientes en la masa maicera, sorprendido me doy cuenta de lo que estaba pasando, culpa de la escasez de dulce de leche se forma una especie de mazacote capaz de atragantar a un hipopótamo abajo del agua, tras toser 50 veces llego al Instituto y salgo corriendo rumbo al baño en busca del elemento que da vida, grande fue mi sorpresa cuando llego y la canilla y el cartelito sobre la misma me dan la fatídica noticia NO HAY AGUA.
Mis pulmones ya respiraban maicena. Corro desesperadamente hacia el bar y pido un vfafso dfe agfua, el flaco me miraba pero no respondía, se lo repito unas tres o cuatro veces hasta que me entendió lo que necesitaba, entonces llenó un vaso bien grande, mi mirada desorbitada enloquecía por la insípida, inodora e incolora sustancia cuando escucho que el tipo me dice
- son tres pesos
- quee (desparramo general de migas)
- y... están caras las cosa, la inflación y todo, viste
Sin mas preguntas reviso la billetera y tenia 2,5 $, (maldigo nuevamente por haber comprado el alfajor grande y no el chico de 1 $) le muestro la plata pero el barman me dice que no se fía, y se toma el agua delante de mío.
Casi muerto, con las pocas gotas de aire que lograban atravesar el amontonamiento amarillento y poco ensalivado que se aglomeraba en mi paladar, salgo corriendo pero sin saber donde, en ese momento una gota de sudor rodó sobre mi labio, la salada solución me ilumino la desoxigenada cabeza, entonces bajo las escaleras en busca del patio, donde se encontraban las chicas jugando al voley con 40 grados de temperatura, tras un visteo de unos segundos, localizo a la Pauli, la gorda mas gorda del Poli, tras un ágil y exasperado salto me zambullo en las abundantes grasas de la Pau en busca de refrescante y salvadora transpiración, pero no fue eso solo lo que me salvo de la segura muerte por asfixia, el sudor simplemente logro ablandar la masa, y completo el trabajo el salvaje zurdazo de la atacada, que sacudió mi mandíbula desparramando maicena en todas direcciones, boqueando como un pescado me levante y le agradecí a Pau. Como no me quiso responder, haciéndose la ofendida, le prometí que en agradecimiento al día siguiente le traeria un riquísimo Alfajor de Maicena.
Pintor Catalán.

2 comentarios:

  1. Un cuento dinamico con simpatia y vivencia, ya que uno puede identificarse con el personaje.

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  2. La verdad muy bueno, te hace reir.

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